Soluciones Basadas en la Naturaleza

Las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) abarcan todas aquellas acciones que se fundamentan en el funcionamiento natural de los ecosistemas y los servicios que estos proveen, para responder de forma adaptativa e integral a diversos desafíos de la sociedad.
En un ecosistema sano, complejo y diverso, funcionan de manera integrada múltiples procesos que favorecen su autorregulación y productividad. Así por ejemplo, la presencia en el suelo de materia orgánica en distintas formas y estados (raíces, hojarasca, restos leñosos, etc.) favorece la progresiva degradación de ésta por una fauna edáfica rica, compuesta por diversos organismos como lombrices, colémbolos, ácaros, insectos descomponedores, etc. Éstos fragmentan los residuos de la materia orgánica y aumentan su superficie de contacto, para que posteriormente, otros organismos como hongos y bacterias continúen su labor transformando la materia orgánica en compuestos más simples asimilables de nuevo por las plantas. Este proceso no solo libera nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo y potasio, sino que también mejora la estructura del suelo y favorece la formación de agregados estables que aumentan la porosidad, mejorando la estructura edáfica, la retención de agua y la aireación para las raíces. Gracias a esta interacción entre materia orgánica y edafofauna, los nutrientes se vuelven más accesibles para las plantas, se incrementa la fertilidad natural del suelo y se mantiene un entorno edáfico sano, equilibrado y resistente a la degradación.

Otro ejemplo es el papel que juega la diversidad de especies en los ecosistemas sanos sobre el control natural de plagas y enfermedades. La presencia de setos, flores silvestres o especies asociadas atrae depredadores como mariquitas, crisopas o avispas parasitoides, y promueve la actividad de aves insectívoras o murciélagos que limitan la presencia de insectos dañinos. A ello se suma la acción de nemátodos beneficiosos, que depredan larvas de insectos del suelo o compiten con especies patógenas. En conjunto, estas interacciones mantienen la salud del ecosistema y reducen su vulnerabilidad a enfermedades, aumentan su resiliencia y reducen la necesidad de intervenciones externas.
Entre las principales causas de la pérdida de biodiversidad, la degradación de suelos, el cambio climático y la contaminación a nivel mundial se encuentran muchas de las prácticas del modelo agrícola convencional e intensivo, por lo que resulta fundamental integrar otro tipo de prácticas en el sector agrícola si queremos caminar hacia un futuro sostenible.
Las SbN utilizan las herramientas que ya proporciona la naturaleza y las funciones que se dan en los ecosistemas sanos para abordar problemas derivados del mal uso de la tierra y nuestros recursos y son una herramienta alternativa clave para mejorar el estado de los paisajes productivos.
En este sentido, la agricultura ecológica con base agroecológica combina prácticas que se han llevado a cabo durante milenios con innovaciones tecnológicas más recientes. La preservación de la agrobiodiversidad, la atención prestada a la salud del suelo, la diversificación de especies y variedades de cultivos, los ciclos adaptados a las condiciones locales, la reducción de los pesticidas o el mantenimiento de la calidad del agua, son características de éste sistema de producción en el que el medio ambiente ocupa un lugar central, junto con los seres humanos y la salud de los ecosistemas.
Este manual recoge una serie de buenas prácticas que imitan el funcionamiento natural de los ecosistemas que pueden considerarse SbN para la agricultura, como son la labranza mínima, la inclusión de cubiertas vegetales y abonos verdes, la rotación y diversificación de cultivos, o la inclusión de elementos paisajísticos como setos y franjas de flores para la prevención y control de plagas.

Además de eficientes, este tipo de prácticas, son herramientas útiles, económicas y con valor añadido en ahorro de costes, así como fuente de oportunidades comerciales y de empleo. Suponen una reducción sustancial del uso de pesticidas y de fertilizantes, una reducción de retornos de riego, de escorrentía y de procesos erosivos, y resultan fundamentales a corto y medio plazo para la restauración y mejora ambiental en las explotaciones agrarias, favoreciendo la transición ecológica de la agricultura local, la reducción de los impactos en origen, el restablecimiento del equilibrio natural en la cuenca vertiente del Mar Menor y su desarrollo económico sostenible.
Producción ecológica basada en la agroecología

Frente a los desafíos ambientales, sociales y económicos del modelo agrícola convencional, el enfoque agroecológico se presenta como una estrategia integral para regenerar los agroecosistemas y restablecer el equilibrio entre producción y naturaleza.
La agroecología no es solo un conjunto de técnicas, sino una ciencia, una práctica y un movimiento social que promueve la soberanía alimentaria, la equidad territorial y el respeto por los ciclos ecológicos. Aplicada al contexto del Mar Menor, representa una vía realista y transformadora para reducir la carga contaminante, restaurar la funcionalidad ecológica del paisaje agrícola y asegurar medios de vida dignos para las comunidades rurales.
La agroecología se basa en diseñar sistemas agrícolas que imiten los procesos naturales, aumentando su resiliencia frente al cambio climático, optimizando el uso de recursos locales y reduciendo la dependencia de insumos externos. Se trata de un enfoque holístico que considera no solo la parcela o el cultivo, sino también las relaciones entre suelo, agua, biodiversidad, economía local y tejido social.
En lugar de tratar los problemas (plagas, erosión, salinidad, etc.) con soluciones externas, la agroecología trabaja con la naturaleza, reforzando los mecanismos de autorregulación propios de los ecosistemas.
Es fundamental saber diferenciar la agroecología de la producción ecológica, La agroecología es la ciencia que evidencia las mejoras agroecosistémicas de este modelo, mientras que la producción ecológica certificada es la herramienta disponible para justificar la aplicación de una serie de obligaciones y prohibiciones específicas en relación a las bases agroecológicas, aunque sin tener en cuenta todos los factores de impacto establecidos por la agroecología, como los aspectos sociales y culturales.
Es importante no limitar el radio de acción a la normativa de producción ecológica y, además, migrar al modelo agroecológico, aportando un valor añadido al conjunto de nuestro sistema de agroalimentario y finalmente a nuestra producción.
No obstante, para asegurar y establecer unas bases mínimas en producción ecológica, se debe proceder al uso estricto del Reglamento (UE) 2018/848. A continuación, se identifican los aspectos más destacables incluidos en el reglamento.
