Contexto territorial y clima

El Mar Menor, es la mayor laguna salada costera de Europa. Su cuenca vertiente (una extensión de más de 1.300 km²) abarca zonas agrícolas intensivas, áreas urbanizadas y espacios naturales protegidos. Esta cuenca actúa como un embudo que recoge y canaliza aguas pluviales, escorrentías agrícolas y otros vertidos hacia la laguna, convirtiéndose en un sistema altamente interconectado desde el punto de vista hidrológico y ecológico. Este contexto, combinado con las prácticas agrícolas convencionales, genera una situación grave de contaminación, afectando a todo el agroecosistema.

El estado ecológico de la laguna refleja una notable pérdida de capacidad de autorregulación, con incrementos extremos de clorofila que evidencian la gravedad del deterioro. El IEO-CSIC mantiene un seguimiento continuo a través del Proyecto BELICH, y el MITECO publica informes trimestrales y anuales del MAPMM.

En cuanto a las vías de aporte de nutrientes, destacan la escorrentía y los drenajes agrícolas (la Rambla del Albujón como principal colector), la descarga del acuífero en el litoral y el saneamiento. Además, los balances hídricos confirman el papel determinante del acuífero y los drenajes en las cargas que recibe el Mar Menor.

A estas presiones se suman factores complementarios como la urbanización y los cambios hidromorfológicos, la navegación y los episodios de clima extremo.

En cuanto a las tendencias recientes, el MITECO y otros agentes reportan una reducción de las hectáreas ilegales de regadío y cierta disminución de las cargas de nitratos, aunque el problema estructural permanece sin resolver.

La agricultura del Campo de Cartagena experimentó una transformación radical a lo largo del siglo XX, partiendo de un modelo preindustrial basado en cultivos de secano —cereales, olivo, almendro y algarrobo— con explotación familiar y escasa mecanización, determinado por la ausencia de agua superficial permanente.

Entre 1950 y 1980, los planes de colonización y la mecanización iniciaron una primera fase de intensificación que sentó las bases para el regadío tecnificado. El punto de inflexión llegó con el Trasvase Tajo-Segura a partir de 1979, que permitió el paso a la horticultura de alto valor con riego localizado y fertirrigación, aunque también generó nuevas presiones sobre el territorio en forma de retornos de riego cargados de nutrientes y sales.

La adhesión de España a la CEE en 1986 consolidó la orientación exportadora y la concentración empresarial, con un sector hortofrutícola que mueve actualmente entre unos 3.500 millones de euros en exportaciones hacia mercados internacionales. En las últimas décadas, la irregularidad del trasvase y las sequías han impulsado el uso de aguas regeneradas y desaladas, así como la incorporación de sensores e inteligencia artificial para el riego de precisión, convirtiendo la comarca en una de las zonas agrarias más monitorizadas de Europa.

Esta evolución ha dado lugar a dos lógicas productivas claramente diferenciadas: la pequeña explotación de secano, con trabajo familiar y baja huella hídrica pero escasa capacidad de acceso a mercados internacionales, y el regadío intensivo orientado a la exportación, con economías de escala e integración vertical, pero con una fuerte dependencia hídrica y una responsabilidad directa en las presiones que sufre el Mar Menor, especialmente durante episodios de lluvias intensas como las DANAs.

El clima semiárido, con escasas precipitaciones y elevada evapotranspiración, condiciona fuertemente la disponibilidad de agua y la dinámica de los suelos, que son en su mayoría frágiles, con bajos niveles de materia orgánica y alto riesgo de erosión. El uso masivo de fertilización química y aplicación de fitosanitarios ha generado también un fuerte impacto sobre los recursos naturales, generando pérdidas incalculables.

Como consecuencia de la degradación de los agroecosistemas y el modelo productivo desarrollado históricamente en la zona, se ha elaborado un diagnóstico para evaluar los impactos sobre los recursos naturales (suelo, recurso hídrico y biodiversidad) de la Cuenca Vertiente del Mar Menor.

  • Gestionar la salinidad/sodicidad cuando se usan recursos hídricos no convencionales (remineralización, lavados controlados, balance Ca/Mg/Na).
  • Monitorizar (indicadores de suelo vivo y calidad de agua) para ajustar decisiones en tiempo real.
  • Profundizar en cubiertas vegetales, setos e islas de biodiversidad, no-laboreo o laboreo reducido, aportes de enmiendas orgánicas estabilizadas y diseños de infraestructura verde a escala de cuenca para mitigar desconexión suelo-agua y erosión.
  • Reducir en origen de nutrientes (ajuste fino de dosis y calendario de fertirrigación, inhibidores de nitrificación), la desconexión hidrológica de parcelas sensibles y la retención-tratamiento en borde de parcela y cuenca (humedales, balsas de atenuación, setos/fajas filtrantes) son claves en la jerarquía de mitigación. Ministerio de Transición Ecológica
  • En la Región de Murcia se promueven programas de conservación y adaptación del suelo (gestión de biodiversidad, secuestro de carbono, regulación hídrica, control de erosión).
  • El CEBAS-CSIC dispone de servicios e investigaciones específicas para la caracterización de biomasa microbiana viva y su relación con prácticas agrarias. CEBAS-CSIC
Scroll al inicio