Zanjas de infiltración y microterraceo
Información

Las zanjas de infiltración y el microterraceo constituyen prácticas estructurales de conservación del suelo y del agua, de bajo impacto tecnológico, especialmente en zonas con pendiente, climas semiáridos o sometidas a episodios de lluvia intensa.
Ambas técnicas tienen como objetivo principal reducir la escorrentía superficial, favorecer la infiltración del agua y disminuir la erosión, contribuyendo a la sostenibilidad productiva y ambiental de los sistemas agrícolas (FAO, 2015).
Estas prácticas cumplen una función clave en la gestión del riesgo asociado a la erosión hídrica, especialmente en sistemas agrícolas de ladera o con pendientes moderadas, donde la intensidad y concentración de las precipitaciones puede provocar pérdidas significativas de suelo fértil en periodos cortos de tiempo. La erosión no solo reduce la profundidad efectiva del suelo, sino que compromete su fertilidad, su capacidad de retención de agua y su actividad biológica, afectando directamente a la sostenibilidad productiva de la explotación.
Las zanjas de infiltración son excavaciones lineales, generalmente dispuestas siguiendo curvas de nivel, destinadas a interceptar el agua de escorrentía, reducir su velocidad y facilitar su infiltración en el perfil del suelo. A diferencia de las infraestructuras de drenaje, estas zanjas no buscan evacuar el agua, sino retenerla temporalmente para aumentar la recarga hídrica del suelo y reducir pérdidas por erosión.
Consiste en la modificación ligera y progresiva de la superficie del terreno, creando pequeños escalones o superficies casi horizontales que reducen la pendiente efectiva sin llegar a las grandes obras de terrazas clásicas. Se trata de una práctica menos invasiva, compatible con la mecanización y más flexible en términos de diseño. A diferencia de las terrazas tradicionales:
– Requiere menor movimiento de suelo.
– Presenta menores costes de implantación.
– Puede adaptarse mejor a explotaciones modernas.
– Mantiene mayor continuidad del perfil edáfico.

Organismos que producen enfermedades a los insectos.
Pueden ser hongos, bacterias, virus, nematodos, protozoos y otros. Los entomopatógenos no buscan activamente a sus víctimas como hacen los parásitos y depredadores, así que se orienta a su producción masiva y aplicación a modo de plaguicida.
Ladera: cubierta permanente + desbroce; microterrazas; poda triturada como mulch.
Llano: siembra directa cereal/leguminosa; fajas tampón; evitar barbecho desnudo.
Beneficios

Zanjas de infiltración
Sus funciones más destacables son:
- Disminuir la erosión hídrica.
- Aumentar la infiltración y almacenamiento de agua en el suelo.
- Reducir la pérdida de nutrientes y partículas finas.
- Mejorar la disponibilidad hídrica para los cultivos, especialmente en secano o riego deficitario.
Una práctica fundamental consiste en integrar las zanjas de infiltración con cobertura vegetal, ya sea mediante restos de poda, rastrojos o especies herbáceas:
- Aumenta la estabilidad de las zanjas.
- Reduce el colmatado por sedimentos.
- Mejora la infiltración y la actividad biológica del suelo.
En cultivos leñosos (olivar, almendro, viñedo), se combinan frecuentemente con cubiertas vegetales o manejo mínimo del suelo, potenciando su eficacia a largo plazo.
Microterraceo
Desde el punto de vista hidrológico, actúa reduciendo la velocidad del agua superficial, aumentando el tiempo de residencia del agua y favoreciendo su infiltración. Agronómicamente, esto se traduce en:
- Menor pérdida de suelo fértil.
- Mejor aprovechamiento de las lluvias.
- Reducción del estrés hídrico en periodos secos.
- Mayor uniformidad en el desarrollo del cultivo.

La aplicación conjunta de zanjas de infiltración y microterraceo representa una estrategia integrada de conservación, especialmente eficaz en laderas agrícolas. Mientras el microterraceo reduce la pendiente efectiva y la velocidad del flujo, las zanjas interceptan el agua sobrante, evitando su concentración aguas abajo.
Recomendaciones
Zanjas de infiltración
- Orientación: preferentemente a nivel o con pendiente mínima.
- Espaciamiento: función de la pendiente, textura del suelo y régimen de lluvias.
- Dimensiones: anchura y profundidad suficientes para retener el volumen esperado de escorrentía sin generar inestabilidad.
- Material excavado: puede disponerse aguas abajo formando un pequeño caballón estabilizador.
Las zanjas de infiltración y microterraceo forman parte de una estrategia integrada de manejo del territorio agrícola, que debe combinarse con otras prácticas complementarias:
- Monitoreo continuo del suelo, para evaluar la evolución de la estabilidad estructural y la infiltración.
- Cobertura vegetal permanente o temporal, que protege la superficie del suelo frente al impacto de la lluvia.
- Laboreo mínimo, que mantiene la estructura edáfica y reduce la desagregación.
- Manejo eficiente del riego, evitando la generación de escorrentía inducida.

